Cecil Rhodes y el cubo de Barnato

Cecil Rhodes y el cubo de Barnato

Una de las grandes anécdotas del mundo de los diamantes es la del cubo de Barney Barnato, que protagonizó el célebre empresario, político y colonizador Cecil Rhodes.

Cecil Rhodes necesitaba más dinero para comprar acciones de Kimberley Central Diamond Mining Company. Preparó una subasta de unos 220.000 kilates de diamante en bruto e invitó a Barney Barnato junto a otros importantes comerciantes de la época. En toda la historia, jamás se había visto cosa igual.

Rhodes quería 700.000 libras, pero el valor de aquella mercancía rondaba las 500.000 libras esterlinas y estamos hablando del año 1890. Después de varias negociaciones, todos los comerciantes aceptaron pagar 700.000 a pesar de considerarlo un precio excesivo.

Cecil aconsejó que no pusieran rápidamente la mercancía a la venta y que lo hicieran gradualmente, ya que toda esa cantidad podría desequilibrar el mercado.

Cecil Rhodes

Cecil Rhodes y la creación de Rhodesia

En un momento de descuido, Rhodes aprovechó para levantar la punta de un extremo de la mesa en la que estaban reunidos, de forma que toda la mercancía cayó en un cubo disimulado, hacia la punta opuesta de la mesa. Rhodes expresó que siempre habría deseado ver un cubo lleno de diamantes.

Todos comprendieron el detalle de Rhodes, pues iban a necesitar al menos 2 meses en volver a clasificar las piedras preciosas. Cuando al final las piedras fueron clasificadas y vendidas, se demostró que Rhodes tenía razón: los precios habían subido. De ahí el dicho popular entre los comerciantes de diamantes, que para venderlos “no hay que tener prisa”.

El personaje de Cecil Rhodes, protagonista de esta peculiar historia sobre los diamantes, fue tan importante en su época que se le atribuye la creación de Rhodesia (las actuales Zambia y Zimbabue).

Confianza en el diamante

El diamante es uno de los pocos minerales que su proceso de clasificación debe hacerse a mano, aunque cada día esté más automatizado.

Nada puede sustituir de momento a los ojos y al cerebro humano en su capacidad para calibrar y valorar los mismos. Por esta razón, son vigilados desde el momento de su extracción.

Hay que tener grandes medidas de seguridad para protegerlos de los amigos de lo ajeno. Sin embargo, en el comercio, las piedras pasan de mano en mano con un simple apretón.

Cualquier persona que no esté introducida en el sector, quedará sorprendida por la confianza entre comerciantes, pero esta falta de formalismos, hace que el negocio vaya con mucha más rapidez. La persona que no cumple con sus obligaciones es excluida automáticamente del mercado.

Publicado el 16/01/2018 Historia de las joyas