Piedras preciosas: Tres apuntes de historia

Piedras preciosas: Tres apuntes de historia

Qué tendrán esas pequeñas gemas de cristal que a todos, de alguna u otra manera, nos acaban atrayendo. Diamantes, amatistas, esmeraldas, … Todas, sin excepción, han sido codiciadas por el hombre y protagonistas de grandes aventuras a lo largo de la historia. Valgan como ejemplo estos tres breves apuntes que demuestran que el interés del hombre por las piedras preciosas viene de lejos:

Uno de los mejores y primeros logros de nuestra era fue obra de Plinio el Viejo. Este conocido escritor, científico y naturalista murió estudiando la erupción del Vesubio en la ciudad de Pompeya cuando terminaba su gran enciclopedia Naturalis Historia, al querer observar el fenómeno desde cerca, en un sitio no muy recomendable debido a los gases volcánicos. Como sabréis, los diamantes, las piedras preciosas más valoradas, afloran a las capas terrestres más superficiales gracias a las erupciones volcánicas.

Plinio El Viejo

Anselmo de Boodt, médico y mineralogista, estuvo tratando a Rodolfo II de Alemania de sus problemas de locura a principios del siglo XVII. Para ello empleó muchas de las piedras preciosas que poseía pulverizadas. De hecho, en su libro escrito en 1609, con más interés para la medicina que para mineralogía, se trata la curación de enfermedades a través de las gemas de cristal.

Anselmus de Boodt

Gemas de cristal de las Indias

Durante el siglo XVII vivió un importante investigador, el Barón de Tavernier, que más de una piedra debe su genealogía a sus notas y adquisiciones. El Barón también fue un gran viajero y comerciante. En China pasó gran parte de su vida. Para darse cuenta de la magnitud su trabajo hay que hacerse una idea de lo que supone un viaje de París a la India, como el que hizo en el siglo XVII.

Tavernier anotaba distancias y días recorridos entre cada mina, daba exactas características de cada piedra que compraba y fue siempre un comerciante honesto en todos los negocios con las pedreras hindúes, ganándose así su confianza. Gracias a esto, grandes reyes y marajás enseñaban sus tesoros al Barón para que los valorase. Tesoros que no eran adornos precisamente, sino la riqueza de todo un país, en forma de piedras preciosas.

Jean Baptiste Tavernier

Publicado el 10/01/2018 Portada, Piedras Preciosas